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Vuelas soberano como un pájaro 

y me cansé de verte las alas, sentirte volar.

Te sujetaría desde la cola de los gatos, 

te llevaría hasta mi casa para poder jugar. 


Sí arrancara del marco

un vidrio astilla de la ventana 

y las cobijas que descansan sobre la cama 

y tirarme a cortar.


No afinaría la cuna del rostro, 

sin arruinar ninguna versatilidad 

de tus piernas asustadas que escondidas se sientan, 

atacaría a tu voluntad.


Desaparecida si no me encuentras 

asustada si piensas que estás mal 

desconocida si te aparto de mis riendas 

destrozada si tu mirada no me contempla más.


De esa voluntad armada en pedazos

de tu trémulo que se incentiva al hablar 

llego con veneno escondido entre la apariencia 

a enconarte cada día al estar.



 

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